NACIONALISMO ECONÓMICO.

Siempre he identificado el nacionalismo con el sentimiento, en el sentido más íntimo del término. Con aquel concepto decimononico que impulsó a los italianos a enfrentarse a los austriacos al ritmo de la música de Verdi, o la necesidad vital y romántica de los polacos, los alemanes o los belgas de forjar una patría.  No es que esto justifique todos los nacionalismos, hablo de los pacíficos claro, pero les dota de un argumento difícil de rebatir porque el nacionalista, puede estar equivocado o no, pero te habla con el corazón.

Ahora Artur Mas recuerda ahora que por encima del corazón solemos guardarnos la cartera. Con los nacionalistas sentimentales no le basta para conseguir una Cataluña independiente así que se lanza a la aventura apelando al descontento económico. El estado no es sólo el culpable del menosprecio de la identidad catalana sino también el principal responsable de la crisis en la comunidad autónoma. Amén de que se pueda considerar una cortina de humo para ocultar una gestión nefasta, la irrupción del nacionalismo económico en la política española es nueva y, parece, que en poco tiempo puede tener más réditos que el nacionalismo tradicional en décadas.

Artur Mas reconoció sin ambages ante el genial Jordi Évole que convocaba un referéndum para ganarlo y que elegirá la fecha a su conveniencia. El político devora al gobernante. El objetivo de Mas, como presidente de la Generalitat, debería estar por encima de sus intereses partidistas, y no olvidar que es presidente de todos los catalanes, incluyendo a los no independentistas, de los que los hay incluso en su mismo partido.

En el caso de que el referéndum tuviese lugar, la pregunta debería ser muy simple: “¿Quiere usted que Cataluña sea un estado independiente?” esto sería lo serio y lo honrado, lo acorde con el sentido común, el seny, del que siempre han hecho gala los catalanes. Sin embargo Artur Mas, en un ejercicio de trilerismo político, propone otra: “¿Desea usted que Cataluña sea un estado dentro de la Unión Europea?”. La pregunta esconde trampas y es ambigua. Lo primero sería decidir qué tipo de estado; el Estado libre de Baviera, uno de los dieciséis de la República Federal Alemana, por ejemplo, o el estado plenamente independiente de Kosovo. Pero el despropósito radica en la segunda parte de la pregunta, porque Mas propone que los catalanes decidan sobre algo en lo que no tienen capacidad ninguna de decisión. Será la Unión Europea la que acepte o no a una Cataluña independiente, a no ser, claro, que Cataluña estuviese en la UE como un estado federado al resto de España.Lo grave es que todo el esfuerzo y la confrontación que va a causar este referéndum no servirá para nada a no ser que la pregunta sea clara y directa. Así que, ya puestos a dilapidar el proverbial seny, podría proponer otra: “¿Desea usted que Cataluña sea un estado dentro de la Unión Europea, con una selección de fútbol catalana, aunque el Barca siga jugando en la liga española y que se prohíba la venta a los turistas de carteles de toros en Las Ramblas?”.
El nacionalismo económico tiene estas cosas.
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Archivado bajo Actualidad, crisis económica, televisión

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